Con claridad, reclamo mi mayor bien

A veces, tomo decisiones en un segundo. Otras, necesito más tiempo para encontrar una respuesta. ¿Cómo puedo saber si mis decisiones son para mi mayor bien? Primero pregunto a Dios: “¿Qué debo hacer?”, y presto atención. La respuesta puede llegar como un sentimiento interno —como una urgencia de contactar a un viejo amigo o de dejar un trabajo que no me parece apropiado.

A veces, la guía surge como una palabra o frase, ya sea al meditar o de los labios de un niño, un amigo o hasta de un desconocido.

Presto atención a los mensajes divinos y mis decisiones son cabales. Sé lo que es correcto porque así lo siento. Con Dios a mi lado, avanzo con determinación y valentía.
Los ciegos ven,… los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio. —Mateo 11:5

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